Alan Jara y la apuesta por el Senado: ¿Renovación o el último suspiro de la vieja política en el Meta?

El anuncio de la candidatura de Alan Jara al Senado para este 2026 no ha pasado desapercibido, pero tampoco ha generado el entusiasmo unánime de otros tiempos. Mientras sus seguidores celebran el regreso del «caudillo del llano», un sector creciente de la opinión pública se pregunta si el departamento del Meta está atrapado en un ciclo eterno de los mismos nombres, o si Jara representa realmente una solución a los problemas que él mismo no pudo resolver en tres gobernaciones.

El fantasma de Llanopetrol y la sombra de la gestión

Para sus críticos, el regreso de Jara a la primera línea electoral es una oportunidad para reabrir expedientes que el Meta no olvida. El caso de Llanopetrol, el ambicioso proyecto de la refinería que terminó en un estancamiento burocrático y financiero, sigue siendo el «talón de Aquiles» de su discurso.

Aunque Jara defiende su gestión basándose en su papel como víctima del conflicto y su paso por la Unidad para las Víctimas, sus detractores señalan que su liderazgo se ha basado más en el asistencialismo y el control de cuotas políticas que en una transformación estructural del departamento. ¿Qué puede ofrecer en el Senado alguien que tuvo el poder regional absoluto y dejó deudas históricas en infraestructura y diversificación económica?

¿Votos de opinión o votos de estructura?

El gran interrogante de esta campaña 2026 es si Jara puede capturar el voto de opinión. En un país que en las últimas legislativas mostró un cansancio hacia los clanes tradicionales, Jara aparece como el máximo exponente de una política de «patrimonio familiar» en el Meta.

  1. El desgaste del discurso: Su narrativa de víctima del secuestro, aunque poderosa y respetable, parece haber perdido tracción frente a una juventud que exige soluciones concretas a la falta de empleo y la crisis del sector agropecuario.
  2. La maquinaria en duda: Históricamente, Jara ha contado con el respaldo de grandes estructuras. Sin embargo, con un mapa político regional fragmentado, ya no es claro que los alcaldes y diputados actuales le respondan con la misma fidelidad de hace diez años.

¿Un salto al Senado para blindarse?

En los mentideros políticos de Villavicencio se rumorea que esta candidatura es, en realidad, un movimiento defensivo. Ante el avance de procesos administrativos y el surgimiento de nuevos liderazgos que amenazan su hegemonía, un escaño en el Congreso le otorgaría no solo un foro nacional, sino un nuevo aire de poder para proteger su estructura política regional, la cual ha sufrido golpes en las últimas elecciones locales.

Conclusión: Una apuesta de alto riesgo

Alan Jara se juega en marzo de 2026 mucho más que una curul; se juega la vigencia de su nombre. Si no logra una votación contundente, confirmará que el Meta ha pasado la página. Si gana, demostrará que el departamento sigue prefiriendo «viejo conocido» que «nuevo por conocer», pero entrará a un Congreso donde será solo uno más entre cien, lejos del trono absoluto que alguna vez tuvo en la Gobernación.

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