El amargo adiós al Aguardiente Llanero: ¿Mala gestión o sacrificio necesario?

Lo que por décadas fue el orgullo líquido de los llanos orientales hoy se evapora entre cifras rojas y liquidaciones laborales. El cierre definitivo de la Unidad de Licores del Meta (ULM) marca un hito oscuro en la historia industrial del departamento, dejando un rastro de incertidumbre sobre el futuro de las rentas departamentales y el destino de quienes dedicaron su vida a la producción del «Llanero».

Una muerte anunciada

El fin de la ULM no fue una sorpresa repentina, sino el resultado de una erosión sostenida. Durante años, la licorera enfrentó una competencia feroz de otras industrias departamentales y multinacionales que supieron adaptarse más rápido al marketing moderno. Sin embargo, la crítica principal recae sobre la estatización de la ineficiencia: procesos de producción obsoletos, cargas burocráticas pesadas y una falta de visión comercial que permitiera al Aguardiente Llanero competir más allá de los límites del peaje de Pipiral.

El costo social: Más que botellas vacías

Detrás de los comunicados oficiales sobre «sostenibilidad financiera», se encuentran las familias de los operarios y administrativos que hoy quedan a la deriva. La liquidación de la planta no solo apaga las máquinas; apaga el sustento de un sector que veía en la licorera una de las pocas industrias locales de gran escala. ¿Fue la modernización una opción real, o simplemente se dejó morir a la Unidad para facilitar la tercerización?

¿Hacia dónde van los recursos de la salud?

La gran preocupación que queda en el aire es el impacto en las finanzas del Meta. Históricamente, las licoreras departamentales han sido el «tanque de oxígeno» para la salud y el deporte. Al pasar de ser productores a simples comercializadores de marcas foráneas o al entregar la producción a terceros:

  • ¿Se garantiza el mismo nivel de transferencias?
  • ¿Perderá el departamento autonomía sobre su principal fuente de ingresos propios?

«Es doloroso ver cómo una marca que nos daba identidad se convierte en un recuerdo por la incapacidad de renovar lo que es nuestro». — Voz de un extrabajador de la ULM.

Conclusión: El fin de la soberanía etílica

El cierre de la Unidad de Licores del Meta es el síntoma de una región que no logró blindar su patrimonio industrial frente a los vientos de la apertura y la mala administración. Mientras el Aguardiente Llanero pase a ser maquilado en otras tierras (como Cundinamarca o Caldas), el Meta pierde un pedazo de su soberanía económica. Hoy, el brindis es con sabor a nostalgia y con la amarga pregunta de si se pudo haber hecho más para salvar lo nuestro.

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